Porque la vida me ha puesto en el camino a gente de todo pelaje y color; porque me maravilla ese camino, pero no sé cómo de largo será y cuánto tiempo tendré para recorrerlo, desde mañana he decidido hacerme selectiva.
Ya no me interesa todo el mundo. Desde mañana me propongo
no dedicar ni un solo día a las personas que no tengan la intención de ser
felices, a la gente que te recibe con una queja, a la que nunca está contenta,
a la que se cree desafortunada; a los derrotistas y a los pasivos, a los
pesimistas y a los frustrados. A todos ellos, mi educado saludo cuando me cruce
con ellos, pero ni un ápice de mi energía.
Mi energía y mi tiempo para los luchadores, los
optimistas, los risueños; los que se rehacen después de un golpe; los que se
levantan cuando se caen, y cuando los hacen caer; los ilusionados y los
bienhumorados.
Y a mi alrededor, por fortuna, estos son mayoría. Y a los
pocos que pululan con el gesto torcido, les dedico mis ausencias. Porque
dedicarles tiempo es como criar cuervos.
Y si no hago yo lo mismo que espero, que alguien me
arroje a la cuneta y los buitres den cuenta de mí.
