Yo, tarde
Este blog ha sido mi huida anónima durante unos dos años. Insulso, escueto y falto de una línea clara. Como yo. Ni siquiera tenía presentación. No era cobardía. Era -es- falta de identidad.
Es estar más pendiente de lo que se mueve alrededor que de lo que se debería mover dentro. Es no querer perderme nada y por eso mismo dejar todo a medio. Es no confiar en el criterio propio y mejor asentir a todo. Es esperar que todo se colocara en su sitio y yo encontrara el mío por acción del azar, de las confluencias astrales u obra milagrosa.
Sin embargo, de alguna manera, y quizás sí influyeron los astros después de todo, esa huida anónima que siempre fue más un vagabundeo sin rumbo, recientemente parece haberme elevado dos o tres escalones de una escalera que no recuerdo haber visto. Y de pronto he ganado perspectiva. Perspectiva que me muestra una enmarañada niebla ruidosa que aún me come los tobillos, y una sólida escalera de piedra que se pierde en las alturas...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)