22.12.13

Embates de Tormenta

Dos meses de tormenta. Y el arbolito sigue ahí. Solo. Azotado desde el Este y el Oeste, se curva, se agacha y se ondula; se desprende de algunas hojas, o de muchas, y sigue ahí.

Podría ser más alto, más cuerpo para recibir golpes; podría ser más grueso, a riesgo de quebrarse. Ser flexible lo hace amoldable y complaciente. Sobrevivir...

Podría estar en el bosque, en el manglar o en la selva, escudado y asilado, pero ¿cómo alcanzaría a ver la luna? Vivir...

Y de repente, sin avisar, un amanecer tranquilo. Sorprendente calma. Un día, dos días... Las hojas empiezan a brotar, reaparecen con cautela, como sin querer molestar, parece que nunca se hubieran ido. Se acabaron los vientos, se acabaron los embates. Tres días, cuatro... El arbolito se crece, tiempo de afirmarse, de soñar con llegar alto, de dejar de defenderse. Cinco días... 

El sexto no llega tranquilo. Agridulce pausa. Como apareció, se marchó. Suficiente para mostrar cómo podría ser. Quizás en otro lugar. Quizás en otro tiempo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario